Qué es ahstanga y power vinyasa
Dentro del amplio universo del yoga contemporáneo encontramos diferentes formas de práctica, entre ellas el Ashtanga y el Vinyasa. Muchas de estas tradiciones están vinculadas, directa o indirectamente, al legado de Sri T. Krishnamacharya, una de las figuras más influyentes en la evolución del yoga moderno. Aunque cada estilo tiene sus propias características, comparten una idea que para mí es esencial: la práctica debe adaptarse a la persona, y no la persona a la práctica. Por eso, no necesitas tener una determinada condición física, ser flexible ni haber practicado yoga antes. Solo necesitas curiosidad y ganas de empezar.
Power Vinyasa
El Power Vinyasa es una práctica dinámica, fluida y enérgica en la que movimiento y respiración se sincronizan de manera consciente. Las posturas se enlazan creando secuencias que pueden resultar desafiantes, pero que siempre pueden adaptarse al nivel y al momento de cada persona. Es una práctica que trabaja fuerza, movilidad, coordinación, equilibrio y resistencia, mientras nos invita a mantener la atención en la respiración y en lo que está sucediendo aquí y ahora. Su carácter dinámico genera calor y energía, pero, al mismo tiempo, esa conexión constante entre cuerpo, respiración y atención puede ayudarnos a soltar tensión, aquietar el ruido mental y terminar la práctica con una sensación de mayor presencia y equilibrio.
Ashtanga Yoga
El Ashtanga Yoga se caracteriza por una serie de secuencias de posturas establecidas que se practican siguiendo una respiración consciente y un orden determinado. La práctica es progresiva: cada persona va construyendo su camino a su propio ritmo, aprendiendo a escuchar el cuerpo y a reconocer tanto sus posibilidades como sus límites. Esta estructura permite observar los cambios que aparecen con la práctica y cultivar concentración, disciplina, coordinación y presencia. Pero quizá uno de sus mayores aprendizajes sea descubrir que la práctica no consiste en conseguir que el cuerpo haga cada día más, sino en aprender a estar atentos a cómo estamos hoy. Porque no todos los días somos iguales, y el yoga también consiste en aprender a escucharlo.
Tanto el Power Vinyasa como el Ashtanga pueden convertirse en una forma de fortalecer el cuerpo, mejorar la movilidad, desarrollar coordinación y resistencia y, sobre todo, aprender a estar más presentes y favorecer estados de mayor consciencia y meditativos. La respiración actúa como un hilo conductor que nos acompaña durante toda la práctica, ayudándonos a llevar la atención del exterior hacia dentro. La investigación disponible sobre yoga y sus componentes también apunta a posibles beneficios sobre el estrés y el bienestar, aunque sus efectos pueden variar de una persona a otra.
No necesitas ser flexible. No necesitas estar en forma. No necesitas saber hacer posturas complicadas.
Puedes empezar exactamente desde donde estás.
Porque la práctica no consiste en llegar a una postura perfecta.
Consiste en encontrarte con lo que hay en cada momento y vivirlo con consciencia
